El mito Selknam de la creación del mundo.


Kenos era un Howenh, un “antepasado”, que fue enviado por Timaukel a organizar la tierra de los Selk’nam y se estableció al sur de Karukinka, actualmente Tierra del Fuego. Recorrió y observo  todos los rincones y comenzó a repartir todo el ancho mundo, asignando esta tierra a los Selk’nam.

Kenos venía con la misión de crear los tres reinos de este mundo, creo montañas, lagos, ríos, todo aquello que hoy existe.  La luz era escasa y uniforme y todas las horas pasaban en un alba perpetua. Entonces Kenos creo a luna (Kreeh) y a Sol (Kreen) ordenando a este ultimo que brillara más fuerte a mediodía y que se retirara por la tarde para ser reemplazado por la blanca luz de Kreeh. En aquel tiempo el cielo estaba muy cerca de la tierra y aplastaba todo en su magnificencia, por lo cual Kenos empujó la cúpula hacia arriba y la dejó allí, para que todo creciera alto y hermoso.

Sin embargo Kenos se sentía solo pues era el único sobre la tierra. Miro alrededor suyo y fue hacia un pantano de donde extrajo un haruwenthos (mata de pasto con tierra adherida ) exprimió el agua obscura, la deposito sobre la tierra y formo un Sees ( genital masculino ) Luego extrajo otro terrón húmedo y formo un Asken ( genital femenino ) para luego partir y dejar juntos estos dos terrones.  Cada vez que se ponía el sol, Sees y Asken se unían y un nuevo ser humano nacía. Estos seres humanos crecieron y a la noche siguiente se unian para hacer nacer un nuevo antepasado y así sucedió todas las noches, durante mucho tiempo, cada noche surgía un nuevo antepasado y rápidamente se pobló Karukinka, Tierra del Fuego.

Pronto la región estuvo llena de hombres y mujeres, los primeros Selk’nam. Kenos, el creador, les enseño la palabra, señalando que hombres y mujeres deben vivir juntos y dispuso cual seria el trabajo de cada uno. Padre y Madre deben enseñar a los niños lo establecido por Kenos y de acuerdo a eso han de actuar.

Kenos habitaba la tierra hacia ya mucho, y junto a él, tres antepasados lo acompañaban a todas partes. Pasado un largo tiempo Kenos envejeció y trato de conciliar un sueño de metamorfosis con mucha dificultad, es por ello que los cuatro antepasados iniciaron una larga caminata hacia al norte, pues en el sur no habían logrado dormir. Completamente agotados alcanzaron el norte donde pidieron a otros antepasados que los envolvieran en sus capas y los depositaran en la tierra.
Así quedaron totalmente inertes viviendo un largo sueño-muerte. Los demás antepasados continuaron esta rutina milenaria de sueños de vida-muerte y aprendieron que al envejecer debían envolverse en una capa, quedarse completamente quietos, para luego de un tiempo eterno, despertar frescos y de aspecto juvenil.

Pero la muerte no era eterna, de modo que después de yacer un largo tiempo todos vieron que Kenos y los demás comenzaban a suspirar y a recuperar los movimientos. Entonces se irguieron, se miraron unos a otros y comprendieron que eran jóvenes otra vez. De modo que todos los Selk’nam decidieron hacer lo mismo que Kenos.

El que se sentía tan viejo y que había perdido las ganas de vivir se envolvía en su capa y se tendía en el suelo y yacía como si estuviese muerto. Los que tenían la suerte de rejuvenecer iban entonces hasta la choza de Kenos para ser bañados y quitarles el desagradable olor del que estaban impregnados para nuevamente recomenzar. Pero con el tiempo la vejez se adueñaba de los cuerpos y de los corazones y a veces sucedía que alguien ya no se levantara más. Sin embargo, no desaparecía, sino que se transformaba en un cerro, en un pájaro, en una cascada.

Cuando a Kenos le llegó la hora de volver por fin a su casa celeste, los que tuvieron el privilegio de acompañarlo se convirtieron en las estrellas y los planetas que pueblan el luminoso cielo de la Tierra del Fuego.

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